Metro de Madrid

Ha pasado medio año desde mi última entrada. MEDIO AÑO! (Menos mal dije que lo iba a actualizar juiciosamente una vez por semana). Han pasado tantas cosas, que no se ni por dónde empezar, así que empezaré por el principio. Para los que no me conocen, les dejo un pedacito de mi historia es este post. Y para los que me conocen y saben cuánto anhelaba yo mi viaje a Madrid, aquí está la historia:

Les diría que los preparativos de mi viaje fueron color de rosa, que me los disfruté y me los gocé como pasaría cuando uno prepara un viaje que le va a cambiar la vida, pero no. A veces la vida no es como queremos, y este fue el caso.

Los tiquetes a Madrid los habíamos comprado en marzo. Es decir, 7 meses antes de viaje. Y durante todo ese tiempo, no hubo un dia que no pensara en el viaje, que no planeara, que no calculara, que no ansiara con todas las fuerzas de mi ser subirme en ese avión.

Pero como ya saben, a veces de planear tanto no queda sino eso: los planes. Y mi viaje a Madrid no sería la excepción.

Gran vía, Madrid, España
Gran vía, Madrid, España

Dos días antes de mi viaje a Madrid y por razones que no vienen al tema, a mi mamá le dio el patatús. Un dolor en el pecho/estómago que nunca había sentido antes. Inmediatamente me cambió el panorama: urgencias, médicos por aquí, exámenes por allá, todo el mundo pendiente, yo respondiendo llamadas y mensajes de toda la familia. Y el viaje? Bien, gracias. En pausa. Hasta ese momento, dos días antes de viajar a Madrid, no sabía si me iba a tener que quedar en Colombia o iba a poder viajar.

Después de todo, mamá es mamá, y Coca-Cola mata tinto.

Para no hacer la historia larga, mi vuelo era el 2 de octubre a las 7:50 pm, y supe que viajaba ese mismo día a las 10:00 am. Así que ya se podrán imaginar: no dejé la mitad de la vida en Colombia de puro milagro.

La despedida con mi mamá, más allá de ser difícil, fue bastante breve: ya el médico nos había dicho que no era nada cardíaco (que era el temor que teníamos). Así que me despedí de ella en la clínica, con toda la tranquilidad del mundo, sabiendo que dentro de poco (aunque no se cuando) nos vamos a volver a abrazar. Y así mismo fue la despedida con el resto de la familia. Como yo quería: cero lágrimas, cero drama, cero tristeza.

Estaba a un par de horas de cumplir dos de mis más grandes sueños: estar por fin con el amor, y conocer Madrid.

viajando a Madrid

El vuelo fue super tranquilo. Pero tal sería mi nivel de ansiedad, que no pude dormir ni un solo minuto. Yo, que me duermo en la punta de un alfiler. Y a eso, súmenle el jetlag… y el niño llorando, la azafata preguntando constantemente si quería algo de comer o de tomar, la señora de adelante hablando con el esposo, el señor de atrás roncando, en fin. Afortunadamente seguía con mi complejo de hippie haciendo collares y pulseritas: eso me entretuvo gran parte del viaje)

Pero si: los que me conocen saben que mi viaje a Madrid cumplió un sueño que tenía desde que tengo memoria.

Y fue así como, el 3 de octubre de 2019, aterricé en el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas cargada con dos maletas de bodega, una de mano, y una tonelada de sueños por cumplir.

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12 comentarios

  1. Todos los sueños inician a ser realidad con un paso definitivo. Madrid no decepciona (No como otras) y si, vale la pena el viajecito desde el otro lado del charco… jejejje. Un saludo enorme,

  2. Gran relato de Madrid

    Felicitaciones cumplió el sueño y ahora está feliz en compañía del amor .. Siga sonriente y gracias por escribir pues su relato es sensacional

  3. Me encantó. Te leí y sentí q estabas aquí relatandólo

  4. Tocaya puedo escuchar su voz diciéndome todo esto. Narrándome toda esta historia en una nota de voz larguísima ajajaajaj. ¡El blog está súper !!!! Un abrazo

  5. Iván Diego López Aguilar dice:

    Me gustó mucho tu relato, disfruta tu vida.

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